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Otra visión de la crisis

El clip "Crisis" aborda la crisis socioeconómica actual desde la rebelión interior de un adolescente sin rumbo.

 

Cortometraje: "Mis problemas "

Duración: 2 min.

Idioma: Español

Santiago descubre una cualidad nueva, con la que puede librarse de todos los problemas, El gesto egoísta es inmediato, fáicl y sencillo. Sin embargo, la felicidad se encuentra más allá, en el encuentro con el otro...

 


 

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Cortometraje: "Filming Love"

Producción: Grupo Culturradio

Idioma: Inglés

Duración: 11min.

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VOLUNTARIO

Tema: El sentido del sufrimiento

Producción: Grupo Culturradio

Duración: 3 min. 22 seg.

 

 

 

Obra Maestra
Gran Torino

El crepúsculo rompe a naranja y fuego sobre el porche. El viudo espera junto a su perro. La oscuridad le sopla el aliento en la nuca. Le susurra palabras de fracaso. Sus hijos le han abandonado. Sus vecinos vienen de un lugar extraño.  El mundo se ha convertido en un pozo de mediocridad. Y los errores pesan como viejas baldosas. Sólo le queda su Gran Torino del ‘72, recubierto de polvo. Ya no hay luz. Clint Eastwood ha culminado una etapa de madurez en su carrera artística. Lejos ya del spaghetti western, Gran Torino consolida su estilo visual. Y por lo tanto, su particular mirada a la realidad. Sobrio, seco, directo. Eastwood nos presenta la realidad en su mayor pureza. Sin adornos ni florituras, el hombre del eterno ceño fruncido dispara verdades a quemarropa. En Million Dollar Baby retrata el fracaso del Hombre ante la muerte. Pero en Gran Torino, el director vislumbra la salvación a través del sacrificio y de la entrega. Después de tantos duelos ante la cámara, Eastwood nos regala su mejor lección. En su última actuación, le mira a los ojos a la muerte, y le dice: “me abrazaré a ti, porque sé que serás vencida”.

Juan Rubio

¿Qué sentido tiene la vida?
El curioso caso de Benjamin Button

Un abrazo en la noche. Una copa de vino. Una mirada clemente, el calor de un amigo. Una boca perfecta, la luz en el vestido. Una palabra callada. Un fracaso bendito. Una tímida llamada, un llanto socorrido.  El rumor de la calle, un beso furtivo. Un triunfo impetrado, un sacrificio tranquilo. Un atardecer de sangre, el cielo rosado. Una sonrisa en el Metro. El encuentro vivido. La música en los ojos, y el canto al olvido. La mano del padre, y el perdón del hijo. El velo sereno, la promesa de hierro. “Estaba pensando que nada es para siempre”. Con una puesta en escena  tan elegante como esmerada, y una fotografía sobrecogedora que recuerda al onirismo del cine más primitivo,  esta película va directa al corazón del Hombre. Benjamin Button, por su extraña condición, es más sensible que nadie a la fragilidad de la belleza. El amor y la inmensidad del mundo le brindan instantes de felicidad intensa. Pero las tardes se convierten en noches, y los días en años. El ocaso no espera. La mortalidad se le antoja como un viejo reloj cuya cuenta atrás nadie puede parar. Y esa es la cuestión: ¿puede alguien ofrecernos la felicidad eterna? Respuestas, porfavor.

Juan Rubio

El fuego original
Australia

El manto de la noche ha cubierto el valle. Los eucaliptos duermen, el ganado descansa. En lo alto de las montañas, una figura se alza. Las pinturas blancas decoran su piel cetrina, mordida por el calor del desierto. Su mirada se clava en el cielo estrellado, hacia el que se elevan unos cantos tribales. “Nala na, nala na” entona el aborigen anciano; y reza y danza alrededor del humo y las llamas. El fuego es la luz de la casa, la morada de los antepasados.
Australia ha naufragado en la taquilla. Tampoco ha recibido reconocimiento alguno. Y no es casualidad. Baz Lhurmann no ha sabido renovar el talento demostrado en Moulin Rouge, y fragua un filme muy imperfecto y bastante superficial. El principio sorprende con unas absurdas notas de un humor totalmente fuera de lugar. Además, la devaluada Nicole Kidman resulta artificial y poco convincente. Pero la mayor grieta está en la estructura dramática. El  guion dibuja unos personajes unidimensionales: la mujer aristócrata, sensible y atractiva que se ve arrojada a un mundo de hombres temibles y salvajes; el aventurero solitario, justo con los más desfavorecidos, duro en el exterior pero amable en el fondo; y un malo malísimo, nunca mejor dicho, propio de cualquier serie de dibujos animados. Aun así, el homenaje de Lhurmann a su tierra natal no resulta del todo fallido. La fotografía es impresionante. Australia se erige como una espectacular colección de estampas paisajísticas que nos regalan un vigoroso y memorable testimonio visual del continente oceánico. Pero lo más valioso de la película reside en los aborígenes. A través de ellos, el director australiano nos habla del relato como esencia de la identidad personal y origen de los pueblos. El contar historias inmortaliza la tradición, y por medio de ella el Hombre emprende la senda del regreso a su hogar. Al fuego original.

Juan Rubio

 

   
       
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